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ADVIENTO, tiempo de espera

27 de nov. 2016, 23:37 publicada per Natxo Ruiz   [ actualitzat el 28 de nov. 2016, 8:16 ]


Este domingo comienza el año litúrgico con el primer domingo de Adviento. La Iglesia dedica siempre un tiempo de preparación antes de un tiempo fuerte como puede ser la Navidad. 

La palabra ADVIENTO se podría traducir como "lo que ha de venir". Y ¿qué es lo que ha de venir? Pues ni más ni menos que Dios mismo hecho uno de nosotros. Es por eso que dedicamos cuatro semanas a prepararnos para este acontecimiento que recordamos cada año. Este es un tiempo especial para dedicarlo a la oración.

Siempre es bonita recuperar algunas de nuestras tradiciones dejando de lado tantas tonterías que nos llegan de fuera y que, desgraciadamente, absorbemos como esponjas. Así, en la tutoría de 2º de ESO, los tutores hemos querido entregar a los chicos un calendario de ADVIENTO y hemos elaborado con las manos de todos una corona de Adviento que hoy completaremos con las velas que pondremos y que nos traerá uno de nuestros chicos.

La corona de Adviento nos irá marcando el tiempo de espera hasta la celebración del nacimiento del Niño Jesús; y así, cada viernes en tutoría lo recordaremos y haremos intención de mejorar alguna de nuestras actitudes en casa o en el cole o con nuestros amigos. ¡Qué mejor manera de ir preparando la Navidad que preparando nuestro corazón llenándolo de generosidad y no de egoísmos!     

Os dejamos con unas palabras del Papa Francisco

Reflexión

El papa Francisco nos dice:

«Comenzamos hoy, Primer Domingo de Adviento, un nuevo año litúrgico, es decir, un nuevo camino del Pueblo de Dios con Jesucristo, nuestro Pastor, que nos guía en la historia hacia el cumplimiento del Reino de Dios.

Por esto, este día tiene un atractivo especial, nos hace experimentar un sentimiento profundo del sentido de la historia.

Redescubrimos la belleza de estar todos en camino: la Iglesia, con su vocación y misión, y la humanidad entera está en camino, los pueblos, las civilizaciones, las culturas, todos en camino a través de los senderos del tiempo.

Pero ¿en camino hacia dónde? ¿Hay una meta común? ¿Y cuál es esta meta? El Señor nos responde a través del profeta Isaías. Y dice así: “Sucederá en días futuros que el templo del Señor será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. Dirán: ‘Vengan, subamos al monte del Señor, al templo del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos’”.

Esto es lo que dice Isaías sobre la meta hacia la que vamos. Es una peregrinación universal hacia una meta común, que en el Antiguo Testamento es Jerusalén, donde surge el templo del Señor, porque desde allí, de Jerusalén, ha venido la revelación del rostro de Dios y de su ley. La revelación ha encontrado en Jesucristo su cumplimiento, es el “templo del Señor”, Jesucristo.
 
Este camino no ha concluido. Como en la vida de cada uno de nosotros siempre hay necesidad de volver a partir, de volver a levantarse, de volver a encontrar el sentido de la meta de la propia existencia, de la misma manera para la gran familia humana es necesario renovar siempre el horizonte común hacia el cual estamos encaminados.

¡El horizonte de la esperanza! Ése es el horizonte para hacer un buen camino. El tiempo de Adviento, que hoy de nuevo comenzamos, nos devuelve el horizonte de la esperanza, una esperanza que no decepciona porque está fundada en la Palabra de Dios. ¡Una esperanza que no decepciona sencillamente porque el Señor no decepciona jamás! Él es fiel, Él no decepciona.

¡Pensemos y sintamos esta belleza! «(01/12/2013)
        


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